15 abril 2026

Día del Libro: Presentaciones

  


En noviembre del 2025 se publicó mi nuevo libro de relatos: “Al calor del relato: Caravana de historias”. Fue en el mes de enero del 2026 cuando vio la luz la nueva edición de “La bruja de Alcaracejos y otros relatos” publicado por Almuzara —Mascarón de Proa— con ilustraciones de José Antonio Gómez Valera (GOVAL), dibujante, ilustrador y creador plástico.

        El pasado 18 de febrero ambas obras se presentaron en la librería Luque en Córdoba capital. Abril —mes al que Carlos Cano dedicó una preciosa e inolvidable canción— se revela aquí como escenario de mis presentaciones en tres pueblos de Los Pedroches, “apacible comarca natural donde el tiempo discurre a un ritmo diferente y se tejen historias que desafían la línea entre lo realmente vivido y lo imaginado”, según mis propias palabras en la contraportada de “La bruja”.

        Así, con suma satisfacción, dentro de las actividades varias previstas en cada localidad con motivo del Día del Libro, estaré en Pozoblanco, Villanueva de Córdoba y El Viso de acuerdo con el siguiente calendario:

    Miércoles, 22 de abril — Pozoblanco, Café con Letras, Biblioteca Municipal a las 17:30 h.

    Jueves, 23 de abril — Villanueva de Córdoba, Antigua Audiencia, a las 20 h.

    Viernes, 24 de abril — El Viso, Museo del Auto de los Reyes Magos, a las 17:30 h.

***

Escribir para mí es una colisión algo brusca con uno mismo y a la vez un encuentro buscado. Es un choque con tu intimidad, con tus valores, con tus secretos y tus fantasías y al mismo tiempo una pugna con rincones de ti. Y este rincón es como un laberinto: contiene otros rincones. En cierto modo escribir es un buscarse, sin saber si te vas a encontrar.

Escribir es visitar tu trastero, limpiar el polvo, organizarlo un poco y expresar lo que ves. Recuperar pasadas emociones, rememorar rostros y personajes, describir una tarde de lluvia o de sol de hace sesenta años y escuchar las voces de los que ya no están”. El papel, y la pantalla, siempre serán puentes y cómplices: entenderán olvidos, ficciones y exageraciones; ignorarán mentiras y serán soportes fieles de aquello que les confiaste.

Me gusta contar historias y escuchar las de otros. A veces, tengo la impresión de que me cuento historias a mí mismo, historias que ya me sé... pero escribirlas es como darles vida. Crear, imaginar es un estímulo muy fuerte.

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Mi principal fuente de inspiración es la vida: Estoy convencido de que no hay oportunidad pequeña. Los momentos, las situaciones, las personas, etc. se presentan y si observas bien, ya solo se trata de darle forma a lo captado, de dejarte llevar por esa secuencia de pensamientos, o recuerdos, que asocias con los momentos elegidos.

Sebastián Muriel, jueves 23 a las 20 h.

La vida de cada uno de nosotros es fuente inagotable; experiencias personales o compartidas; recuerdos; ocurrencias; muertes; reflexiones, (sociales, políticas o religiosas); noticias; hobbies; tramas; catástrofes, misterios, sorpresas del azar, etc… cualquier hecho que suceda o situación que se piense, es bueno para contarlo por escrito, sin en detrimento de la tradición oral.

Mis relatos son siempre hijos de mis mundos. En mi caso van aliñados dosis de pedagogía… entre líneas sale la ética, cierta moralidad, una conclusión práctica… no entiendo un mundo sin valores (empatía, esfuerzo, solidaridad, respeto...) sin unas vías de conducta responsables en las que soportar nuestras decisiones.

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Aunque no soy muy amigo del excesivo localismo, el aroma de los Pedroches está siempre presente. Amo a esta Tierra. Contemplar encinas con granito es un calmante para mí.

1)   Ambos libros están dedicados a “los naturales de los Pedroches”.

2)   En “La bruja…” la mayor parte de los 12 relatos “ocurren” en los Pedroches -aunque estén disfrazados. En “Al calor del relato” hay al menos cinco.

3)   En “La bruja…” cada relato cita a una planta de los Pedroches; en “Al calor del relato”, las citas son pájaros de los Pedroches.

4)   La introducción de ambos libros está fechada en Los Álamos, barrio de Alcaracejos, mi pueblo natal.

5)   Los dibujos de Goval detallan múltiples conexiones con la comarca: Un zapatero de los años 60; un dintel; el bar El Control; un rabilargo, la lavadora, la escalera, el reloj roto, etc.



¿En qué se parecen estas dos obras?

·       En la estructura (relatos independientes con principio y final)

·       En los motivos y personajes que inspiran las historias.

·       Las dos mezclan ficción y realidad y son originales.

·       Defienden valores y compromisos (esfuerzo, coherencia, la cultura, el respeto, la tolerancia, etc…)

·       Las dos son producto de la acumulación de relatos y de mis ganas de narrar por escrito.

·       Las dos tienen la palabra relato en sus títulos.

·       Las dos guiñan a los Pedroches.

¿En qué se diferencian?

·       En los títulos y en las portadas.

·       En la fecha de su publicación.

·       Ilustraciones: “La bruja” tiene 15 dibujos originales, mientras que Al calor del relato tiene solamente una, pero muy buena. Todas las ilustraciones son de GOVAL, dibujante y creador plástico.

En mi opinión son dos buenas obras que ayudarán a los lectores a pasar un buen rato. Sus contenidos son entretenidos y las narraciones son muy diferentes. Algunas además les sorprenderán. ¡Feliz lectura y feliz Día del Libro!

Nota: estos libros pueden adquirirse en la Librería 17Pueblos de Pedroche; en la librería Ángel López de Pozoblanco; en las librerías La Concepción, Papelería El Rekreo y Aula 2000 de Villanueva de Córdoba y en la Librería Luque de Córdoba capital. También está la venta on line de Almuzara, Fnac, etc.

 

Sebastián Muriel, Viernes 24 a las 17:30

 

 

21 marzo 2026

La muerte acecha

 


La muerte acecha a la vida y no se cansa nunca de esperar su momento. No es ave de rapiña. Es bastante peor ya que, con frecuencia, no se ve llegar y siempre se alimenta de ilusiones rotas, de mejorías infundadas, de accidentes imprevistos, de enfermedades crónicas o traidoras, de corazones cansados, de rastreras caídas, de resfriados incurables o de complicaciones varias derivadas de gripes mal curadas. Todo eso lo aliña con ciertas dosis de azar, su aliado impenetrable.

Damián llevaba casi cuarenta días asistiendo a entierros encadenados de gente conocida. Mal terminó el año viejo, pero mucho peor comenzó el nuevo. Esperaba que aquel siniestro desfile terminara, anhelaba unos días de respiro, pero la procesión de muertos y funerales formaba parte de una sucesión infinita que no finalizaría hasta que ocurriera la muerte del Planeta, esa esfera flotante que deambula orientada siendo a la vez hogar y tumba.

La cosa empezó en la provincia de Ciudad Real. Allá por el veinte-de diciembre, mes que da muerte al año. La tía Evangelina falleció en Horcajo de los Montes. ¡Cómo se alegró de haber ido a su funeral! Recordó que en 2016 le felicitó para año nuevo. Decía así: “Querido Damián: te deseo feliz y próspero año nuevo, con el recuerdo imborrable de tu padre y queridísimo primo. ¿Cómo olvidar aquellos años en El Casar del abuelo Fabio y cuando de pequeño te dejaban a mi cargo en La Solana? Mi madre quería mucho a tu padre, como a un hijo. Lo tengo siempre presente en mis oraciones y misa diaria. Un abrazo fuerte de tu tía Evangelina”. Por la mente de Damián transitó la idea de una enamoramiento adolescente entre primos hermanos, al menos por parte de ella. Ya nunca lo sabría.

       A los pocos días, el mismo veinticuatro, día de la Nochebuena, murió Vicente, panadero de toda la vida en El Casar de la Dehesa, localidad de nacimiento de Damián. No pudo asistir al entierro porque se enteró sin tiempo para hacerlo, pero lo sintió. De ese hombre, Damián recordaba dos facetas: su panadería y su devoción por la Virgen del Sol. Desconocía cualquier otra circunstancia, aunque no podría olvidar sus sabrosas tortas de aceite en el día de su santo, las perrunas para la Navidad y los asado de pimientos que encargaban sus padres, siempre forjados en el horno del pan. Desde lejos, el olor a rosca recién hecha impregnaba la calle Melancolía de imágenes de hogar. Vicente simpatizaba con los niños del pueblo dejándoles pasar a su panadería para que olieran esa mezcla indescriptible —tan perdida ya como anhelada— de aromas de jara quemada y pan.

       La tía Josefa, esposa de Eligio, murió de mayor el día veintiocho pensando en los Santos Inocentes. Su hijo Miguel, soltero, le prolongó la vida. Josefa estuvo casada con un primo hermano de María Jesús, la madre de Benita, esposa de Damián. La muerte de Josefa supuso un mazazo que María Jesús intentó tapar, dada su persistencia en no parecer débil, pero su avanzada edad y el cúmulo de achaques, le restaron energía y ganas de vivir.

       El último día del año, un día silvestre según el calendario, murió Carmen a los 59, compañera de trabajo de Benita, tras un proceso penoso y largo. Las malditas metástasis conocen muy pocas fronteras. Nada se pudo hacer, dijeron los médicos. Resistió bien, pero era demasiado, opinó la familia.

       La mochila de muertos de Benita y Damián se había llenado en doce días, pero la cosa no iba a terminar ahí. Aquella descendiente del zurrón de pastor tenía pensado rebosar.

       El año se estrenó en medio de médicos, hospital y visitas a urgencias. El once de enero, domingo, festividad de San Leucio y San Tipaso falleció María Jesús, madre de Benita. Era mayor; estaba aquejada de dolores, múltiples molestias y estaba cansada de vivir, así que voló. Abrió la puerta de su jaula y voló alto y lejos. Quería encontrarse con los suyos, particularmente con sus hermanos y su querido Alejandro.

       Luego vinieron los trenes de Adamuz. Para Benita y Damián llovía sobre mojado. Su hijo había pasado por allí apenas 48 horas antes. Fue el día dieciocho, festividad de Santa Margarita de Hungría. Mas que venir, los trenes no llegaron. Las excesivas, insidiosas y cambiantes explicaciones del ministro Muro rebotaron en las mentes de la gente sensata, entre ella las de Benita y Damián ¡Cuánto retorcimiento falseado, calculado y meditado! El ministro habló, pero no informó y eso no es dar la cara: dar la cara es decir la verdad y afrontar responsabilidades. Decenas de familias quedaron como los trenes. El choque fue accidental. Cierto. El descarrilamiento previo —causa del choque— es otra cosa. Lo estaban investigando, pero las declaraciones políticas no tranquilizaron ni a Benita ni a Damián, ni a cientos de miles de personas más. Por el contrario daban por hecho las hipótesis negativas más probables: falta de mantenimiento o renovaciones mal hechas. No resultó extraño que —al Gobierno— le molestaran las palabras del presidente de la comisión de investigación: “Las infraestructuras no viven de las inauguraciones, sino del mantenimiento”. La frase no necesita aclaraciones de ningún tipo.

   Esa es la enorme diferencia entre un ingeniero y un político barato con escasa conciencia social y poco sentido del bien común. Para informar bien, no se precisan ruedas de prensa de dos horas mareando la perdiz. Eso es camuflaje —le dijo Benita a Damián.

No se habían recuperado de los cuarenta y seis muertos, cuando las redes se inundaron con noticias de un nuevo accidente: Fernando Huerta, joven sevillano que se formaba para ser maquinista, murió al chocar su tren contra un muro desprendido.

—¡Joder, esto ya es demasiado! —gritó Damián al enterarse. Benita admitió que los ferroviarios estaban en modo desgracia. Al caos se unieron los Rodalies en Cataluña que ni iban ni venían. El legítimo cabreo de los maquinistas y las revisiones solicitadas tuvieron el servicio de cercanías catalán en modo desbarajuste durante varios días. Ni a Benita ni a Damián les pasó desapercibido que el caos ferroviario catalán se había cobrado dos dimisiones políticas. Por los cuarenta y seis muertos de Adamuz no había dimitido nadie.

Benita se explayó:

   El Gobierno le llama a eso igualdad. Yo le llamo desigualdad y oportunismo, por no tildarlo de sinvergonzonería.

       Los sobresaltos mortales no decayeron; continuaron a golpe de calendario. El veinte de enero, el WhatsApp de Benita echó humo por la pantalla del teléfono a causa de la muerte de Emily Olmo “Emilia Dorado Olmo”, amiga de su infancia. A sus 55 años, un traicionero infarto la dejó prácticamente muerta. Tres o cuatro días después, murió del todo. La sorpresa y la pena de Damián y Benita fueron históricas y enormes.

       El veintiséis de enero, el diario local y el Facebook informaron de la repentina muerte de Kiko Canastero Mola, catedrático de IA Aplicada en la universidad y persona muy próxima a la familia DamiánandBenita. Con el primero lo unía el compartir la pasión por lo rural; con Benita coincidía en haber nacido en el mismo pueblo. Era un ser entrañable, amistoso y mejor padre de familia. ¡Otro más que apuntar en la lista!, lo cual redujo la moral de su entorno a un valor mínimo! Todos morimos un poco cuando alguien muere.

       El martes veintisiete de enero se encontró con la muerte Justa Hernández, parienta lejana de Damián en El Casar de la Dehesa. Estaba casada con Juan Manuel Rodríguez Trapero, oficial administrativo de primera que trabajó en la Agencia Tributaria comarcal. Justa era una persona cariñosa y muy entregada a su familia. Disfrutaba una barbaridad con las tradiciones y cultura de su pueblo, extendiendo su interés a toda la Comarca. El infarto intestinal agazapado en sus entrañas la había eliminado de la carrera de la vida. Su apenado esposo estuvo echando pétalos de flores variadas en la tumba de Justa durante un mes.

       Esta concentración de muertes, situadas entre la corta y la media distancia, recordó a Damián la inmensidad de su vulnerabilidad, su infinita insignificancia y la fugacidad de su existencia. Así se lo comentó a Benita. Siempre había pensado en la idea de “no somos nadie”, pero este agujero negro de muertes y de muertos fue un campanazo doloroso y estridente. A partir de ahora, ya nada sería igual. La conciencia de ser mortal anidó en su cerebro, echó raíces en sus neuronas. Sabiéndose mortal, lo había pensado con frecuencia, pero poco. A partir de ahora, no podría dejar de hacerlo.

       En un cuaderno que Damián había titulado “Conversaciones conmigo mismo”— título igual que el que labraba su amiga Amelie—, antes de irse a la cama, anotó:

“He bajado la basura y he visto la calle huérfana de gente. Los contenedores, el semáforo, un coche que pasaba, las farolas mudas y los árboles sin hojas me observaban con indiferencia. Todas esas imágenes —y posiblemente mi estado de ánimo— sin conocer por qué me han conducido a pensar en mi muerte… ¿Qué hago yo en medio de todo esto? Imágenes de Marte y de la Luna han cruzan mi mente y se han posado en ella ¿Y? ¿Qué hago yo ahora con ellas?… la muerte reinará sobre todo… será compañera de la vida por los siglos de los siglos y no pasará nada… cada cual ocupará su sitio… El bloque de pisos donde habito ahora, algún día desaparecerá y todos mis recuerdos, enmarcados en las cuatro paredes, se morirán con él… Como si nunca hubiéramos existido ni el bloque ni yo… Nada tiene sentido… Ni nosotros, ni las cosas… el tiempo lo engullirá todo, nos engullirá como una potente trituradora que todo lo reduce a polvo y a misterio…”.

       Dos páginas atrás Damián tenía escrito: “Llevo mucho tiempo siendo consciente de mi pequeñez y de mi nula importancia. Dejé de ser alguien hace ya mucho tiempo para convertirme en una marioneta de papel que es juguete del aire, de las tempestades y de las circunstancias. Mi vulnerabilidad es absoluta. Estoy a merced de una imprevista enfermedad, un encuentro fortuito con no sé bien qué ni con quién, un accidente o un premio gordo de la azarosa fortuna. ¿Hacia dónde conduce este caótico azar? A estas alturas resulta evidente que existen infinitos caminos, pero una sola meta”.

       En uno de sus múltiples intentos buscando una salida, Damián se dijo y escribió:

   Lo absurdo de la vida es tan colosal que solo la existencia de un Dios, fuente de Infinito Amor, podría tapar semejante hueco y darle sentido. Un absurdo infinito se transformaría así en “un tener sentido” razonable y eterno. Sería una solución. Algo inmaterial como el concepto vida se equilibraría así con algo inmaterial como el concepto Dios. Contra un gran absurdo una tremenda solución. Contra una gran oscuridad una tremenda fuente luminosa. Contra una gran sinrazón una tremenda razón. Todo un Dios para aniquilar todas las absurdeces y aclarar todos los misterios. Somos hijos del Amor aunque a veces nos cueste creerlo.

Un gran absurdo se había resuelto al abrazarlo, aceptarlo y dando a luz un significado propio. Damián no estaba demasiado convencido, pero la presencia de un Dios real se convirtió en una puerta abierta.

Damián apagó la luz. Hizo lo propio con el ordenador. Soltó el lápiz encima de la mesa y, pensativo, continuó mirando por la ventana sin ser visto.

Nota: ayer, 26 de marzo, tras una espera de veinte meses, eutanasiaron a Noelia. Es otra dimensión que habría que contemplar. No podemos escudarnos en el fracaso del sistema. Es un fracaso social. Demasiada generalidad. La eutanasia de Noelia es un fracaso compartido, cierto, pero lo es mucho más de las personas que conoció, de los que la maltrataron, de los que la conocieron y trataron con ella. Dadas las circuntancias y la complejidad del caso, no puedo opinar mucho más. Solo respetar su decisión: las responsabilidades asumidas libremente no coaccionan, liberan y ayudan a seguir.

La muerte sigue su misión, sea en modo de accidente, en modo enfermedad, en forma de sorpresa o en disfraz de eutanasia. Su filo es afilado y no conoce a nadie.

Como habíamos previsto: la muerte sigue acechando

Córdoba, 9 de abril de 2026

Amigo Rafael Navajas:

 Ya descansaste de este mundanal ruido, que es lo que presiento que tú querías. Tu muerte me ha causado una enorme tristeza y una gran impotencia. Es cierto que, en los últimos meses te he echado algo mas de menos y no te he dicho nada, pero hoy tu hueco se agrandó y no sé bien cómo voy a llenarlo. Supongo que las horas y los años harán de buen cemento.

No te he querido ver envuelto en una blanca sábana. Los cadáveres difícilmente son las personas que hemos conocido. Son otra “cosa”. Me quedo con aquel Rafael clarividente y simpático, aunque algo cabezón. Aquel maestro cordobés, aliñado de carnavalina y cadizina, que no contaba las calculadoras al volver de las aulas. “Azí, no farta ninguna, Zebah". ¡Cómo me hiciste reír!

Mis seis cuñados también eran tema de conversación. Cuando no te decía nada, me asaltabas por el pasillo para decirme: " Cuéntame cosas de tus cuñados. Podéis formar una comparsa e iros pa Cádiz!

Cómo buen cordobés, recuerdo lo que te gustaba celebrar San Rafael en tu casa, nada de restaurantes. Algunas directivas del Trassierra bajaron por tu escalera después de unos ratos de charla y unas cervezas. ¡Eran otros tiempos de esperanza, ilusiones y proyectos compartidos!.

Tú capacidad para encajar y ajustar horarios con Juanito catedrales era descomunal y siempre con ese punto gaditano- gallego que nos hacías reír inevitablemente.

Tú ausencia en las penúltimas comidas, que aún organiza el Alba, se ha notado bastante. El respeto prevaleció sobre tu hueco, pero ahora me pregunto si calculamos bien. Demasiado silencio por tu parte y demasiado respeto por la nuestra. Ahora me percato de que tu ausencia era una sirena de ambulancia, bombero y policía y, al menos yo, no la supe entender. Se me ocurrió pensar que estabas mejor solo contigo mismo. Ahora no estoy seguro. Tenía que haberte llamado y zamarrear tus hombros, tu espalda y tu alma y decirte: “Despierta Rafael, aún tienes gente que te quiere y te echa de menos; aún tienes tu hueco reservado. Solo tienes que decidirte a venir”. Pero nunca lo hice… ni siquiera para intentar ver juntos un partido del Madrid. A mí ya no me gusta el fútbol, pero te hubiera acompañado gustoso.

Seguramente viviste con tus reglas y con tus perspectivas, pero donde quiera que estés -posiblemente con tu disfraz de profesor torero jubilado- es importante que sepas que hoy, estamos mucho más huérfanos que ayer y en el Trassiera falta una viga maestra. Aunque tú no lo sepas, tu ausencia está presente. Así son estas cosas.


04 marzo 2026

Era una pobre, y desdentada, mendiga

 


La noche iba camino de cerrarse cuando Juan Antonio entró en el supermercado. La calle estaba sola. Un cielo encapotado dejaba entrever la luna amarillenta e irregular disfrazada de nubes. Quería comprar una lechuga y algo de fruta. Una mendiga, sentada en la puerta, esperaba impaciente la entrada de algún cliente. Con soltura, le dirigió la palabra. No se levantó. Su mirada, de abajo arriba, denotaba impotencia y necesidad. Se trataba de una mujer madura, mal vestida, desgreñada y con el pelo muy mal cortado.

     Vivo en la calle —le dijo. Necesito algo para comer.

Juan Antonio saltó como un muelle. Le respondió que tenía por costumbre no atender esas peticiones en la calle. Él era partidario de donar a instituciones en fechas señaladas. Con seguridad, le respondió:

     En Cáritas, en Cruz Roja o los Padres de Gracia te dan de comer y te atienden. ¿Por qué estar en la calle mal comiendo y pasando frío si hay sitios donde puedes tener lo que necesitas?

     Usted no sabe de lo que habla —objetó la mujer.

Con cierta pesadumbre y la voz de la mujer resonando en sus oídos, el hombre entró en el supermercado. Enseguida encontró sus encargos y por ese maldito sentimiento de culpa, echó una buena bolsa de frutos secos para la señora de la puerta.

     Son nutritivos y alimentan —pensó.

Era consciente de que había cogido aquella bolsa para quitarse un peso de encima. Lo mismo podía haber elegido una lata de sardinas, que un paquete de patatas, que un zumo de melocotón. Salió y, sin pararse mucho, le ofreció los frutos secos a la mujer.

Esta, en cuanto vio las nueces, las avellanas, las cuatro almendras y los anacardos, comentó:

     Disculpe señor, ¿me los puede cambiar? Es que soy muy alérgica.

     Está bien. Te los cambiaré —contestó Juan Antonio.

Volvió a entrar y se dirigió al chico de la caja:

     Por favor, hay un pequeño problema, ¿me los puede cambiar? Cogeré unas galletas.

     Sí, claro ¿tiene el tique?

Juan Antonio buscó la estantería de las galletas. No sabía cuál coger. Al final se decidió por un paquete de cuatro columnas de galletas redondas y tostadas. El cajero lo estaba esperando.

     Tengo que hacerle el tique de devolución de los frutos secos. Aquí está todo controlado —manifestó.

Con agilidad, el joven golpeó las teclas justas y al cabo de unos segundos la máquina escupió el papelito que justificaba los 4’85 euros de los frutos secos. Echó mano a la caja y devolvió el dinero.

     Ahora me tiene usted que pagar los 2’70 euros de las galletas.

Con paciencia, el caritativo ciudadano, contó los 2’70, pagó y salió.

En esta ocasión dejó las galletas en el suelo y le dijo a la mendiga:

—Ahí tienes unas galletas, espero que te gusten.

Antes de que terminara la frase la mujer abrió la boca y enseñando tres dientes aislados, ennegrecidos por las caries, le hizo saber que no podía masticar, que le era imposible comerse las galletas a no ser que le comprar un litro de leche. —Para mojarlas —dijo.

El chico de la caja, al ver a Juan Antonio de nuevo, sonrió y le preguntó:

     Y ahora ¿Qué pasa?

     Olvidé comprar un litro de leche.

     Al fondo a la derecha —le indicó el chaval.

No había pasado ni un minuto cuando, cargado con su fruta y su lechuga, Juan Antonio estaba en la caja otra vez. En esta ocasión tuvo que hacer cola.

Cuando le tocó su turno, como broma, el cajero le manifestó que “a este paso, se quedará usted a dormir aquí”.

—Hambre desde luego no íbamos a pasar —fue su comentario.

     Son 0’95 €—puntualizó el chico de la caja.

A la señora de la puerta se le iluminó la cara cuando vio el litro de leche, pero al instante siguiente frunció el ceño y le aclaró a Juan Antonio que no podía tomar esa leche: Era intolerante a la lactosa. Al mismo tiempo le aclaró que ella entraría al super para cambiarla, pero que los chavales encargados no la dejaban entrar.

     Perdone usted tanta molestia. Me da vergüenza verlo ir y venir, pero así son estas cosas.

     Para ir pidiendo por las calles, eres un poco problemática —replicó Juan Antonio algo cansado con tanto impedimento.

     Problemática no es la palabra —protestó la mujer. ¡Es la naturaleza, señor! ¡Y seguramente también tendrá que ver la mala vida que he llevado!

     ¡Vaaaaleeee! Tranquila, no te preocupes. Yo te cambio la leche.

El chico de la caja no pudo remediar una sonora carcajada al verlo entrar de nuevo.

     Pero bueno, ¿usted por aquí? ¡cuánto tiempo sin verlo! ¡Me alegro de saludarlo! ¿Qué necesita ahora?

     Huuummm … es la lactosa… la mujer no puede tomar leche con lactosa…

     Pues nada hombre pase por aquí. Déjeme la leche y vaya a buscar otra sin lactosa. Mientras tanto le haré la devolución de sus noventa y cinco céntimos.

     ¡Qué rollo! —contestó Juan Antonio

Terminadas todas las operaciones, Juan Antonio, con satisfacción infinita entregó la leche sin lactosa a la señora de la puerta y le dio las buenas noches.

Al despedirse su sorpresa fue enorme. Juan Antonio no creía en los milagros, pero tuvo que admitir que la situación había cambiado por completo. Pudo comprobar que la señora estaba limpia y aseada, irreprochablemente bien vestida, con el pelo felizmente cortado y a través de su sonrisa se percató de una perfecta dentadura blanca. Su rostro había cambiado hacia una majestuosa tranquilidad y su sonrisa era un mensaje de paz.

Juan Antonio llegó a su casa desbordante de satisfacción. No podía evitar una infinita sensación de bienestar. Le contó a su mujer lo sucedido. Para lo del cambio de imagen no encontró ninguna explicación. Su mujer, curiosa, le dijo que quería conocer a aquella misteriosa señora, así que se puso su pluma por encima, cogió a su marido de la mano y se dirigieron al supermercado.

Encontraron al joven cajero bajando la persiana. Le preguntaron por la mujer y les dijo que la señora se acababa de ir. Les explicó que la mujer estaba muy agradecida a Juan Antonio y que, al despedirse, la había dado las gracias también a él.

Ana, la mujer de Juan, le preguntó al joven si le había visto los dientes. Este le respondió:

     Se lo iba a comentar. Me extrañó muchísimo lo de las galletas porque su dentadura era de un blanco reluciente y perfecta.

     A veces, nuestros sentidos nos engañan y vemos lo que deseamos ver —comentó Juan.

El joven remató:

     Es el espíritu y la actitud los que transforman el cuerpo hasta límites insospechados y más si recibe el apoyo generoso y pacífico desde el exterior. Se me ha ocurrido pensar que la mujer quería —apasionadamente—unos dientes nuevos. El destino hizo que usted pasara por allí y atendiera con agrado los ruegos de la pobre mujer. Es una tontería lo que voy a decir, pero por mi cabeza ha pasado que el tetra brik de leche cristalizara en dientes.

     La fe mueve montañas —atinó a decir Ana, pero no creo que llegue a tanto.

     ¡Quién sabe! —dijo el chaval.

Las nubes se habían despejado un poco. Cuando Juan Antonio y Ana entraron en su casa la luna dibujó su mejor perfil en un cielo que irradiaba calidez y belleza.

     En el móvil de Juan Antonio sonó un mensaje que este abrió por rutina. No había número para identificar al emisor. Al abrirlo este pudo leer: “Muy agradecida por los dientes. A partir de ahora podré comer galletas. Buenas noches”.

24 enero 2026

La imaginación: Ciencia, Literatura y Matemáticas

 


A la facultad, o capacidad, de representar objetos, personas, situaciones o conceptos, ya sean reales o ficticios, por medio de textos, imágenes, gráficos, dibujos, etc.  le llamamos imaginación.

        Cuando funciona, el resultado es la aparición de nuevas ideas, nuevos caminos creados a partir de experiencias, recuerdos, conocimientos e interacción con nuestro multicolor y polivalente entorno.  La tradición asocia la imaginación con el alma, mientras que la neurociencia moderna la describe como una función cerebral compleja de la mente.

        La imaginación va asociada a la creatividad, fantasía, ingenio, inventiva, viveza, agudeza, chispa, figuración, ficción, mito, fábula, simulacro, sueño, visión, quimera, etc…

        Mi percepción es que la imaginación rompe las fronteras del conocimiento pudiendo llegar a territorios presentidos, pero ignotos. La imaginación es una herramienta quirúrgica adecuada para viajar a misterios, secretos e incertidumbres. Ciertamente, los senderos de la imaginación, aunque ellos no lo sepan, suelen ser caminos singulares, originales, propios de personas con especial sensibilidad y visiones divergentes de la misma realidad.

        La imaginación es sutil compañera de la Ciencia y de la Literatura; brújula de perdidos científicos o en estado de shock y pilar solidísimo, sin límites, en la labor de narrar. En Ciencia, es puerta de salida y parada intermedia entre lo conocido y las posibles metas. En la Literatura, la fantasía puede caminar desbocada en cualquier dirección, mientras que en Ciencias el abanico está menos abierto al estar limitada por la medida y su contrastación. Siempre, para quebrar fronteras, podremos echar mano de tentativas mentales, es decir, procesos o situaciones imposibles de realizar en la práctica pueden llevarse a cabo en nuestro cerebro, si somos capaces de sintonizar con él en “modo laboratorio”.

        La imaginación como tal, no puede tener los mismos fines en la Literatura que en la Ciencia. En la primera se trata de expresar, conmover, entretener, explorar la condición humana, crear belleza, generar mundos ficticios, etc… mientras que en el segundo caso se pretender generar conocimiento objetivo, predecir, explicar fenómenos, validar teorías.

        Tampoco coinciden en el lenguaje: para la Ciencia tiene que ser preciso, formal, objetivo, sistemático, lógico y derivado de los hechos. El lenguaje en la Literatura es subjetivo, emocional, creativo, usa metáforas y otros recursos estilísticos.

        Fantasear es alterar la realidad, deformarla y puede llevarse a cabo en cualquier ámbito. La realidad literaria es bastante más plástica que la que se deriva de la observación de la Naturaleza. La Ciencia tiene que mantener su fidelidad con los hechos observados. En la Literatura el margen de fidelidad lo delimitan l@s autor@s.

Como una autora más, la IA, matizada, compara la imaginación científica con la literaria diciendo queLa imaginación científica y literaria, aunque distintas en propósito y método, comparten la capacidad de crear realidades y explorar lo desconocido; la científica busca explicar y predecir lo real mediante la razón y la experimentación (con un lenguaje objetivo y sistemático) para generar conocimiento, mientras que la literaria explora lo posible o imposible para expresar emociones, crear belleza y reflejar la condición humana (con un lenguaje subjetivo y estético). Ambas convergen en la creación de mundos nuevos y la conexión de ideas, como se ve en la ciencia ficción, donde la literatura imagina avances científicos, y la ciencia se nutre de la fantasía para las hipótesis.

La imaginación en Matemáticas

Como ciencia abstracta, mención aparte merece la imaginación en Matemáticas, ya que en su parcela no entran ni las Ciencias Experimentales ni la Literatura.

        Números, espacios y formas son conceptos abstractos que han sido producto de la imaginación. Otra cualidad para tener en cuenta es la elegancia que todos los matemáticos buscan en sus fórmulas, fruto del esfuerzo y de una fantasía destilada gota a gota. Por ejemplo, la fórmula de Euler  

aunque no se entienda, une conceptos dispares y es bella y sencilla al mismo tiempo.

Igual le ocurre a sen2α + cos2α =1, identidad pitagórica fundamental de la trigonometría, o a la ecuación de Einstein que demuestra la equivalencia entre masa y energía, E = m·c2.

Los abstractos conceptos matemáticos trascienden a lo físico, al permitir crear fórmulas que explican fenómenos universales. Sirva de ejemplo la fantástica fórmula de Newton que cuantifica la gravitación universal

Donde F = fuerza de atracción entre dos masas; G, es la constante de gravitación universal; M y m son las dos masas que interactúan y x es la distancia que las separa. Todas estas magnitudes deben de estar en unidades del Sistema Internacional.

        La imaginación es gran aliada de la intuición, como p.e. la que se manifiesta en la creación de los números imaginarios, en el concepto de logaritmo o en el desarrollo del cálculo diferencial e integral. Todos estos campos se podrían calificar como “catedrales de las Matemáticas” levantadas por geniales arquitectos. ¡Que un número elevado al cuadrado dé negativo es un hito en la historia de las Matemáticas! y rompió fronteras: (—3)2= 9; (3)2= 9; i2= —1.

¿Qué decir de la creatividad para buscar nuevas soluciones y relaciones entre variables —aparentemente desconectadas—, transformando ideas en estructuras ajustadas y poderosas?

La profundidad de las ecuaciones de Schrödinger o la belleza de las de Maxwell son comparables a La Piedad de Miguel Ángel, al Guernica de Picasso o a la Mezquita de Córdoba. Solo es cuestión de sintetizar imaginación y conocimientos, aunque hay que reconocer que los códigos de las ecuaciones de Maxwell —o las de Schödinger—se entienden bastante peor que el sentimiento de una madre con un hijo muerto entre sus brazos o la serena belleza que transmiten los arcos del espectacular templo cordobés.

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Decía Gustavo Adolfo Béquer que “la persona que tiene imaginación, con que facilidad saca de la nada un mundo”. Mi traducción de esta frase es que teniendo imaginación, no hay oportunidad pequeña. Aunque siempre existirán imponderables, el tamaño de la oportunidad viene dado por tu interés, tus capacidades, tus conocimientos, tu perseverancia, etc y por supuesto, por tu imaginación.

Albert Einstein creía que la imaginación es más importante que el conocimiento porque, mientras el conocimiento se limita a lo que ya se sabe, la imaginación no tiene fronteras, rodea el mundo y es la fuerza motriz para la creatividad, la innovación y el descubrimiento de lo desconocido; permite explorar lo imposible y construir el futuro, siendo la base de sus propios avances como se puede comprobar en la Teoría de la Relatividad.

La imaginación no sustituye al conocimiento, simplemente lo amplia y complementa.

Para Cervantes, la imaginación es una fuerza poderosa que difumina los límites entre la realidad y la ficción. Permite a los personajes crear mundos propios o caer en engaños, pero también es una herramienta para la creación artística, la verdad estética o para buscar salidas en nuestra propia vida. La imaginación es una facultad creadora que, bien utilizada, trasciende la mera ilusión, para convertirse en una forma de vivir y de entender la existencia, una "verdad estética" donde la fe en lo posible se hace real.

Salvador Dalí pensaba que la imaginación es un poder ilimitado, la clave para materializar lo onírico en realidad. Estamos ante una "locura" sagrada que se alimenta del subconsciente y se manifiesta mediante el método paranoico- crítico, un estado de semiconciencia donde se conectan intuiciones y recuerdos para capturar imágenes delirantes y darles forma artística, fusionando lo real con lo imposible, sin miedo al absurdo.

Richard Feynman veía la imaginación como crucial para la ciencia, creyendo que la imaginación de la naturaleza supera claramente a la nuestra, y usaba su propia imaginación y dibujos (Diagramas de Feynman) para visualizar conceptos complejos como la electrodinámica cuántica (QED), demostrando que la imaginación pictórica es esencial para la comprensión profunda y la resolución de problemas científicos más allá de las matemáticas puras, integrando lo visual con la lógica para desentrañar el universo.

En resumen, para Feynman, la imaginación no era un lujo, sino una herramienta fundamental y poderosa que, combinada con el rigor científico, permite desvelar los misterios del universo y comunicar ideas complejas de forma clara y creativa.

La imaginación, como capacidad humana, es eterna: fue necesaria en el pasado, es necesaria en el presente y será necesaria en el futuro para seguir avanzando. La imaginación se alimenta de sí misma y de la de los demás. Es similar a un músculo que solamente crece si se ejercita. Es una llave abremundos.