04 marzo 2026

Era una pobre, y desdentada, mendiga

 


La noche iba camino de cerrarse cuando Juan Antonio entró en el supermercado. La calle estaba sola. Un cielo encapotado dejaba entrever la luna amarillenta e irregular disfrazada de nubes. Quería comprar una lechuga y algo de fruta. Una mendiga, sentada en la puerta, esperaba impaciente la entrada de algún cliente. Con soltura, le dirigió la palabra. No se levantó. Su mirada, de abajo arriba, denotaba impotencia y necesidad. Se trataba de una mujer madura, mal vestida, desgreñada y con el pelo muy mal cortado.

     Vivo en la calle —le dijo. Necesito algo para comer.

Juan Antonio saltó como un muelle. Le respondió que tenía por costumbre no atender esas peticiones en la calle. Él era partidario de donar a instituciones en fechas señaladas. Con seguridad, le respondió:

     En Cáritas, en Cruz Roja o los Padres de Gracia te dan de comer y te atienden. ¿Por qué estar en la calle mal comiendo y pasando frío si hay sitios donde puedes tener lo que necesitas?

     Usted no sabe de lo que habla —objetó la mujer.

Con cierta pesadumbre y la voz de la mujer resonando en sus oídos, el hombre entró en el supermercado. Enseguida encontró sus encargos y por ese maldito sentimiento de culpa, echó una buena bolsa de frutos secos para la señora de la puerta.

     Son nutritivos y alimentan —pensó.

Era consciente de que había cogido aquella bolsa para quitarse un peso de encima. Lo mismo podía haber elegido una lata de sardinas, que un paquete de patatas, que un zumo de melocotón. Salió y, sin pararse mucho, le ofreció los frutos secos a la mujer.

Esta, en cuanto vio las nueces, las avellanas, las cuatro almendras y los anacardos, comentó:

     Disculpe señor, ¿me los puede cambiar? Es que soy muy alérgica.

     Está bien. Te los cambiaré —contestó Juan Antonio.

Volvió a entrar y se dirigió al chico de la caja:

     Por favor, hay un pequeño problema, ¿me los puede cambiar? Cogeré unas galletas.

     Sí, claro ¿tiene el tique?

Juan Antonio buscó la estantería de las galletas. No sabía cuál coger. Al final se decidió por un paquete de cuatro columnas de galletas redondas y tostadas. El cajero lo estaba esperando.

     Tengo que hacerle el tique de devolución de los frutos secos. Aquí está todo controlado —manifestó.

Con agilidad, el joven golpeó las teclas justas y al cabo de unos segundos la máquina escupió el papelito que justificaba los 4’85 euros de los frutos secos. Echó mano a la caja y devolvió el dinero.

     Ahora me tiene usted que pagar los 2’70 euros de las galletas.

Con paciencia, el caritativo ciudadano, contó los 2’70, pagó y salió.

En esta ocasión dejó las galletas en el suelo y le dijo a la mendiga:

—Ahí tienes unas galletas, espero que te gusten.

Antes de que terminara la frase la mujer abrió la boca y enseñando tres dientes aislados, ennegrecidos por las caries, le hizo saber que no podía masticar, que le era imposible comerse las galletas a no ser que le comprar un litro de leche. —Para mojarlas —dijo.

El chico de la caja, al ver a Juan Antonio de nuevo, sonrió y le preguntó:

     Y ahora ¿Qué pasa?

     Olvidé comprar un litro de leche.

     Al fondo a la derecha —le indicó el chaval.

No había pasado ni un minuto cuando, cargado con su fruta y su lechuga, Juan Antonio estaba en la caja otra vez. En esta ocasión tuvo que hacer cola.

Cuando le tocó su turno, como broma, el cajero le manifestó que “a este paso, se quedará usted a dormir aquí”.

—Hambre desde luego no íbamos a pasar —fue su comentario.

     Son 0’95 €—puntualizó el chico de la caja.

A la señora de la puerta se le iluminó la cara cuando vio el litro de leche, pero al instante siguiente frunció el ceño y le aclaró a Juan Antonio que no podía tomar esa leche: Era intolerante a la lactosa. Al mismo tiempo le aclaró que ella entraría al super para cambiarla, pero que los chavales encargados no la dejaban entrar.

     Perdone usted tanta molestia. Me da vergüenza verlo ir y venir, pero así son estas cosas.

     Para ir pidiendo por las calles, eres un poco problemática —replicó Juan Antonio algo cansado con tanto impedimento.

     Problemática no es la palabra —protestó la mujer. ¡Es la naturaleza, señor! ¡Y seguramente también tendrá que ver la mala vida que he llevado!

     ¡Vaaaaleeee! Tranquila, no te preocupes. Yo te cambio la leche.

El chico de la caja no pudo remediar una sonora carcajada al verlo entrar de nuevo.

     Pero bueno, ¿usted por aquí? ¡cuánto tiempo sin verlo! ¡Me alegro de saludarlo! ¿Qué necesita ahora?

     Huuummm … es la lactosa… la mujer no puede tomar leche con lactosa…

     Pues nada hombre pase por aquí. Déjeme la leche y vaya a buscar otra sin lactosa. Mientras tanto le haré la devolución de sus noventa y cinco céntimos.

     ¡Qué rollo! —contestó Juan Antonio

Terminadas todas las operaciones, Juan Antonio, con satisfacción infinita entregó la leche sin lactosa a la señora de la puerta y le dio las buenas noches.

Al despedirse su sorpresa fue enorme. Juan Antonio no creía en los milagros, pero tuvo que admitir que la situación había cambiado por completo. Pudo comprobar que la señora estaba limpia y aseada, irreprochablemente bien vestida, con el pelo felizmente cortado y a través de su sonrisa se percató de una perfecta dentadura blanca. Su rostro había cambiado hacia una majestuosa tranquilidad y su sonrisa era un mensaje de paz.

Juan Antonio llegó a su casa desbordante de satisfacción. No podía evitar una infinita sensación de bienestar. Le contó a su mujer lo sucedido. Para lo del cambio de imagen no encontró ninguna explicación. Su mujer, curiosa, le dijo que quería conocer a aquella misteriosa señora, así que se puso su pluma por encima, cogió a su marido de la mano y se dirigieron al supermercado.

Encontraron al joven cajero bajando la persiana. Le preguntaron por la mujer y les dijo que la señora se acababa de ir. Les explicó que la mujer estaba muy agradecida a Juan Antonio y que, al despedirse, la había dado las gracias también a él.

Ana, la mujer de Juan, le preguntó al joven si le había visto los dientes. Este le respondió:

     Se lo iba a comentar. Me extrañó muchísimo lo de las galletas porque su dentadura era de un blanco reluciente y perfecta.

     A veces, nuestros sentidos nos engañan y vemos lo que deseamos ver —comentó Juan.

El joven remató:

     Es el espíritu y la actitud los que transforman el cuerpo hasta límites insospechados y más si recibe el apoyo generoso y pacífico desde el exterior. Se me ha ocurrido pensar que la mujer quería —apasionadamente—unos dientes nuevos. El destino hizo que usted pasara por allí y atendiera con agrado los ruegos de la pobre mujer. Es una tontería lo que voy a decir, pero por mi cabeza ha pasado que el tetra brik de leche cristalizara en dientes.

     La fe mueve montañas —atinó a decir Ana, pero no creo que llegue a tanto.

     ¡Quién sabe! —dijo el chaval.

Las nubes se habían despejado un poco. Cuando Juan Antonio y Ana entraron en su casa la luna dibujó su mejor perfil en un cielo que irradiaba calidez y belleza.

     En el móvil de Juan Antonio sonó un mensaje que este abrió por rutina. No había número para identificar al emisor. Al abrirlo este pudo leer: “Muy agradecida por los dientes. A partir de ahora podré comer galletas. Buenas noches”.

24 enero 2026

La imaginación: Ciencia, Literatura y Matemáticas

 


A la facultad, o capacidad, de representar objetos, personas, situaciones o conceptos, ya sean reales o ficticios, por medio de textos, imágenes, gráficos, dibujos, etc.  le llamamos imaginación.

        Cuando funciona, el resultado es la aparición de nuevas ideas, nuevos caminos creados a partir de experiencias, recuerdos, conocimientos e interacción con nuestro multicolor y polivalente entorno.  La tradición asocia la imaginación con el alma, mientras que la neurociencia moderna la describe como una función cerebral compleja de la mente.

        La imaginación va asociada a la creatividad, fantasía, ingenio, inventiva, viveza, agudeza, chispa, figuración, ficción, mito, fábula, simulacro, sueño, visión, quimera, etc…

        Mi percepción es que la imaginación rompe las fronteras del conocimiento pudiendo llegar a territorios presentidos, pero ignotos. La imaginación es una herramienta quirúrgica adecuada para viajar a misterios, secretos e incertidumbres. Ciertamente, los senderos de la imaginación, aunque ellos no lo sepan, suelen ser caminos singulares, originales, propios de personas con especial sensibilidad y visiones divergentes de la misma realidad.

        La imaginación es sutil compañera de la Ciencia y de la Literatura; brújula de perdidos científicos o en estado de shock y pilar solidísimo, sin límites, en la labor de narrar. En Ciencia, es puerta de salida y parada intermedia entre lo conocido y las posibles metas. En la Literatura, la fantasía puede caminar desbocada en cualquier dirección, mientras que en Ciencias el abanico está menos abierto al estar limitada por la medida y su contrastación. Siempre, para quebrar fronteras, podremos echar mano de tentativas mentales, es decir, procesos o situaciones imposibles de realizar en la práctica pueden llevarse a cabo en nuestro cerebro, si somos capaces de sintonizar con él en “modo laboratorio”.

        La imaginación como tal, no puede tener los mismos fines en la Literatura que en la Ciencia. En la primera se trata de expresar, conmover, entretener, explorar la condición humana, crear belleza, generar mundos ficticios, etc… mientras que en el segundo caso se pretender generar conocimiento objetivo, predecir, explicar fenómenos, validar teorías.

        Tampoco coinciden en el lenguaje: para la Ciencia tiene que ser preciso, formal, objetivo, sistemático, lógico y derivado de los hechos. El lenguaje en la Literatura es subjetivo, emocional, creativo, usa metáforas y otros recursos estilísticos.

        Fantasear es alterar la realidad, deformarla y puede llevarse a cabo en cualquier ámbito. La realidad literaria es bastante más plástica que la que se deriva de la observación de la Naturaleza. La Ciencia tiene que mantener su fidelidad con los hechos observados. En la Literatura el margen de fidelidad lo delimitan l@s autor@s.

Como una autora más, la IA, matizada, compara la imaginación científica con la literaria diciendo queLa imaginación científica y literaria, aunque distintas en propósito y método, comparten la capacidad de crear realidades y explorar lo desconocido; la científica busca explicar y predecir lo real mediante la razón y la experimentación (con un lenguaje objetivo y sistemático) para generar conocimiento, mientras que la literaria explora lo posible o imposible para expresar emociones, crear belleza y reflejar la condición humana (con un lenguaje subjetivo y estético). Ambas convergen en la creación de mundos nuevos y la conexión de ideas, como se ve en la ciencia ficción, donde la literatura imagina avances científicos, y la ciencia se nutre de la fantasía para las hipótesis.

La imaginación en Matemáticas

Como ciencia abstracta, mención aparte merece la imaginación en Matemáticas, ya que en su parcela no entran ni las Ciencias Experimentales ni la Literatura.

        Números, espacios y formas son conceptos abstractos que han sido producto de la imaginación. Otra cualidad para tener en cuenta es la elegancia que todos los matemáticos buscan en sus fórmulas, fruto del esfuerzo y de una fantasía destilada gota a gota. Por ejemplo, la fórmula de Euler  

aunque no se entienda, une conceptos dispares y es bella y sencilla al mismo tiempo.

Igual le ocurre a sen2α + cos2α =1, identidad pitagórica fundamental de la trigonometría, o a la ecuación de Einstein que demuestra la equivalencia entre masa y energía, E = m·c2.

Los abstractos conceptos matemáticos trascienden a lo físico, al permitir crear fórmulas que explican fenómenos universales. Sirva de ejemplo la fantástica fórmula de Newton que cuantifica la gravitación universal

Donde F = fuerza de atracción entre dos masas; G, es la constante de gravitación universal; M y m son las dos masas que interactúan y x es la distancia que las separa. Todas estas magnitudes deben de estar en unidades del Sistema Internacional.

        La imaginación es gran aliada de la intuición, como p.e. la que se manifiesta en la creación de los números imaginarios, en el concepto de logaritmo o en el desarrollo del cálculo diferencial e integral. Todos estos campos se podrían calificar como “catedrales de las Matemáticas” levantadas por geniales arquitectos. ¡Que un número elevado al cuadrado dé negativo es un hito en la historia de las Matemáticas! y rompió fronteras: (—3)2= 9; (3)2= 9; i2= —1.

¿Qué decir de la creatividad para buscar nuevas soluciones y relaciones entre variables —aparentemente desconectadas—, transformando ideas en estructuras ajustadas y poderosas?

La profundidad de las ecuaciones de Schrödinger o la belleza de las de Maxwell son comparables a La Piedad de Miguel Ángel, al Guernica de Picasso o a la Mezquita de Córdoba. Solo es cuestión de sintetizar imaginación y conocimientos, aunque hay que reconocer que los códigos de las ecuaciones de Maxwell —o las de Schödinger—se entienden bastante peor que el sentimiento de una madre con un hijo muerto entre sus brazos o la serena belleza que transmiten los arcos del espectacular templo cordobés.

***

Decía Gustavo Adolfo Béquer que “la persona que tiene imaginación, con que facilidad saca de la nada un mundo”. Mi traducción de esta frase es que teniendo imaginación, no hay oportunidad pequeña. Aunque siempre existirán imponderables, el tamaño de la oportunidad viene dado por tu interés, tus capacidades, tus conocimientos, tu perseverancia, etc y por supuesto, por tu imaginación.

Albert Einstein creía que la imaginación es más importante que el conocimiento porque, mientras el conocimiento se limita a lo que ya se sabe, la imaginación no tiene fronteras, rodea el mundo y es la fuerza motriz para la creatividad, la innovación y el descubrimiento de lo desconocido; permite explorar lo imposible y construir el futuro, siendo la base de sus propios avances como se puede comprobar en la Teoría de la Relatividad.

La imaginación no sustituye al conocimiento, simplemente lo amplia y complementa.

Para Cervantes, la imaginación es una fuerza poderosa que difumina los límites entre la realidad y la ficción. Permite a los personajes crear mundos propios o caer en engaños, pero también es una herramienta para la creación artística, la verdad estética o para buscar salidas en nuestra propia vida. La imaginación es una facultad creadora que, bien utilizada, trasciende la mera ilusión, para convertirse en una forma de vivir y de entender la existencia, una "verdad estética" donde la fe en lo posible se hace real.

Salvador Dalí pensaba que la imaginación es un poder ilimitado, la clave para materializar lo onírico en realidad. Estamos ante una "locura" sagrada que se alimenta del subconsciente y se manifiesta mediante el método paranoico- crítico, un estado de semiconciencia donde se conectan intuiciones y recuerdos para capturar imágenes delirantes y darles forma artística, fusionando lo real con lo imposible, sin miedo al absurdo.

Richard Feynman veía la imaginación como crucial para la ciencia, creyendo que la imaginación de la naturaleza supera claramente a la nuestra, y usaba su propia imaginación y dibujos (Diagramas de Feynman) para visualizar conceptos complejos como la electrodinámica cuántica (QED), demostrando que la imaginación pictórica es esencial para la comprensión profunda y la resolución de problemas científicos más allá de las matemáticas puras, integrando lo visual con la lógica para desentrañar el universo.

En resumen, para Feynman, la imaginación no era un lujo, sino una herramienta fundamental y poderosa que, combinada con el rigor científico, permite desvelar los misterios del universo y comunicar ideas complejas de forma clara y creativa.

La imaginación, como capacidad humana, es eterna: fue necesaria en el pasado, es necesaria en el presente y será necesaria en el futuro para seguir avanzando. La imaginación se alimenta de sí misma y de la de los demás. Es similar a un músculo que solamente crece si se ejercita. Es una llave abremundos.