23 febrero 2024

Mónica, Enzo y Antonio

 

Enzo en L'Aquila, cerca de Roma, disfrutando de una beca, 2022

ANTONIO y ENZO[1]: bisoñez y experiencia

               Miércoles, veintinueve de enero del dos mil veinte. Era ya anochecido cuando me tropecé con Mónica por la “Puerta Almodóvar”, en Córdoba. Desde hacía un par de años no nos veíamos. Me alegró comprobar que sigue conservando sus buenas vibraciones: cariñosa y simpática. No sé cómo lo hace pero transmite una dulzura próxima que te inunda y que te hace “dejarte querer”. Debe ser natural. Todo su yo te seduce tranquilamente. Te atrapa. Va con su tímido hijo Enzo, 13 años. Conversamos sobre las compartidas clases en las que intentábamos aprender inglés, … me recuerda que yo hablaba de mis trabajos sobre el pueblo... le digo que sigo con ellos pero el inglés lo dejé debido a esa manifestada incapacidad de hacerlo mío. Por la acera de al lado pasa un hombre con prisa y Mónica lo llama… Antonio… Antonio... Volviendo su mirada hacia nosotros don Antonio se para. Mónica lo presenta: Antonio Prieto “El Cordobés de la guitarra”, hombre de fama, catedrático en mundología, cordobés y flamenco de pura cepa, un “pata negra”.

               Hablamos y me entero que Antonio le da clases al hijo de Mónica, clases de guitarra ¡claro!… Mónica propone tomar una cañita… le digo que no….pero en unos segundos me dejo llevar... Entramos en la Taberna Casa Bravo, antiguo despacho de vinos, donde “lo flamenco” y un sano tipismo cordobés lo destila el ambiente … Antonio se mueve a sus anchas … conoce al tabernero y a parte de la gente que se apoya en la barra… les dice que viene con un niño, “un monstruo de la música, un guitarrista nato”, un nuevo “Paco de Lucía”, pero en este caso de Córdoba y muy joven…

Antonio Prieto "El Curri", El Cordobés de la Guitarra

               Pasamos y tomamos asiento. El local se ensancha en un salón con abundante gente. La mayoría son guiris y Mónica contenta, llamando al camarero, pide que nos invite. Antonio no deja de hablar de sus años de guitarrista en Venezuela, de que – siendo muy joven - actuó para Frank Sinatra y realizó varias giras con orquestas sinfónicas, comenta con orgullo. Explica que conoció cinco presidentes venezolanos... y recuerda el comentario que le dedicó Hugo Chaves “como El Cordobés que hacía llorar a las guitarras”. También actuó con Raphael en una ocasión. Se queja un poco de que, después de haber cotizado un montón de años, el gobierno venezolano le niega su pensión ……y exalta con entusiasmo la cultura del esfuerzo y del sacrificio. “El que quiera ser artista, ya sabe…..”. Va enlazando recuerdos y habla de sus inicios en Barcelona dónde ganaba más dinero con trece o catorce años que toda su familia junta. Su padre estaba “con la mosca detrás de la oreja” pensando que el niño hacía algo raro por allí, hasta que un día los dueños del tablao lo invitaron para ver lo que su joven hijo hacía: “Tocar la guitarra como los ángeles apasionados. Eso era todo.” Fue una noche feliz, bastante larga, recuerda Antonio. Sigue diciendo que ha trabajado con bailaoras y cantaoras, ellos y ellas... Él siempre su guitarra procurando sacar lo mejor de sí mismo. Con emoción comenta que Rocío Jurado era una señora y una dama de la canción arrebatada por todo lo andaluz… Sus comentarios le salen a borbotones con un acento desenvuelto lleno de gracia andaluza, ocurrente e ingenioso. Tengo la sensación de que podría estar hablando semanas enteras sin aburrir al personal. ¡Es un artista!

               De repente deja de hablar y llama al tabernero. El tabernero mira y Antonio como tomando con sus dos manos una invisible guitarra mueve todos sus dedos. El cantinero entiende que traiga la guitarra y en medio del barullo de la gente que hay, con suavidad precisa, don Antonio la comienza a afinar. Él tiene una cejilla. Por si le hiciera falta siempre la lleva encima. Su experiencia le dice que guitarra suele haber, cejilla a veces no… Y comienza a tocar….

               La verdad es que lo hace muy bien, lo siente… alguna gente mira, otros pocos nos graban y yo me empiezo a preguntar qué puñeta hago aquí. Me veo fuera de sitio pero la tranquilidad de Mónica me facilita seguir… ella está feliz… contenta… segura…. reparte las tapitas entre nuestros platitos... Antonio llama a Enzo y con su voz quebrada le dice convencido: ¡Niño, tócate argo! Es casi una orden cantada. El chaval, a pesar de las tapas ya comidas tiene la cara pálida… deben de ser los nervios. Ante la insistencia de su madre y del maestro toca algunas escalas. Suena bien, algo bajito… Es muy joven pero suena bien. La gente lo mira con cara de perplejidad. En sus rostros puedo leer: ¿Pero cómo es posible que siendo tan niño, toque tan estupendamente? Con voz casi apagada bisbisean: no quieren que se rompa el duende del momento ni que el joven maestro pierda su conexión con él. En sus fibras sensibles guardan la admiración que sus caras reflejan. No saben que detrás se acumulan seis años de Conservatorio, cientos de horas de trabajo y varios meses con don Antonio y su duende. El Niño sigue con lo suyo impregnando el ambiente de castizas notas aflamencadas con sabor a Cuevas de Sacromonte. “A este niño hay que darlo a conoser …poquito a poco ….pero que la gente lo conozca”…le dice don Antonio al tabernero: “Vendrá alguna tarde….cuando pueda….”. El tabernero, “Encantao….que venga cuando él quiera”… Enzo se anima un poco, se relaja, va calentando ….”Toca un poquito más fuerte, que la gente te oiga”… A Mónica se le quieren salir los ojos de la cara y lanza besos imperceptibles a su hijo, lo arropa con la mirada… el chiquillo se percata del apoyo de la madre y se va soltando… se atreve a hacer cosillas más difíciles aunque se atasca un poco….”Eso es normá” dice el maestro. La mesita de al lado pregunta: ¿Qué edad tiene este niño? Trece, tiene trece, dice la madre.

               Mis sensaciones son de un privilegiado. El destino me está regalando un ratazo estupendo, imprevisto. Parezco flotar en un ambiente al que no pertenezco. La presencia de Mónica, su delicado tacto social –pero seguro- y la veneración que muestra por su hijo me hacen sentirme bien. “Este niño promete” "¡Y está empezando!””! Si sólo lleva cormigo seis meses la criaturita¡”…”Demasiao”….Son las 21’12, horario capicúa. Le pongo un Whatsapp a Elvira diciéndole que esté tranquila, que luego se lo explico, que tardaré un ratillo. Ante mí, un escenario impensable apenas media hora antes… un encuentro gustoso, inesperado. Asisto a un espectáculo natural y sencillo, familiar y entrañable. Estoy alucinando.

               La gente escucha atónita. Una señora, sorprendida y pasmada nos confiesa sincera: “Por Dios, que yo no me esperaba esto” ¡Tenemos un artista, un artista muy joven! ¡Una bendición!

               Nos tenemos que ir. Mónica nos invita. Está feliz. Saliendo por la puerta, Antonio, por su notoriedad se para a saludar. ¿Qué hacemos por aquí? preguntan unos sénecas con la copa en la mano. “Trabajando un poquito, bueno disfrutando esta joya... joya que poco a poco habrá que abrillantar”. Pues eso habría que verlo… Antonio, sin dudar, le solicita al niño que busque la guitarra. Otra vez esa funda y otra vez rasguear.

               Enzo, envuelto en su timidez, es un niño seguro y comienza de nuevo y con las vibraciones que le manda su madre, su maestro y la guitarra –ya bastante más suya– hace temblar los tímpanos de estos clientes asiduos que han hecho de la tasca su visita diaria. Un poco displicentes, porque un séneca no puede exhibir nunca demasiado entusiasmo, asienten con la cabeza apretando los labios. Uno de ellos se lanza y afirma sorprendiendo: “Pues sí que lo hace bien este muchacho”. Enzo no dice nada, pero entró siendo un niño y ha ascendido a muchacho. Algo es algo, se dice para dentro.

               Antonio con sus tablas echa el invisible telón en forma de palabras: “Ustedes disculpen pero es que el guitarrista tiene que madrugar. Nos tenemos que ir. Niño… ¡ Ve recogiendo!”.

               Los tres desaparecen con el deber cumplido. El maestro contento, la madre satisfecha y el niño, algo cansado, quiere llegar a casa. Sus largos dedos jóvenes continúan punteando un mástil que no existe dentro de sus bolsillos y con su mente clara sigue una partitura guardada en un cajón de la mesa de estudio. Ha sido una experiencia que nunca va a olvidar. Improvisar guitarra en un espacio público es un hecho importante. La simiente está echada. La planta, crecerá.

Antonio y Enzo

Córdoba, veintinueve de enero del año veinte veinte, para Mónica y Enzo.



[1] Género: Masculino. Origen del nombre Enzo: Germano.

                    Enzo es de origen germano, aunque es una adaptación medieval al italiano de Heinz. Su significado es 'príncipe de sus tierras', 'El amo de la casa' 'El señor de su morada'. Era un nombre particularmente utilizado en Italia que se hizo más popular cuando se eligió como Rey de Cerdeña a Enzio, hijo de Federico II de Hohenstaufen, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

                    Los varones llamados Enzo son particularmente inteligentes, astutos y vivarachos. Desbordan energía y saben adaptarse a los cambios, pero son sensibles y se toman las cosas demasiado a pecho. En cuanto al amor, los Enzo son sentimentales y apasionados. Cuando conocen a alguien y sienten que es una persona especial, ponen toda la carne en el asador por su amor. Siempre dan lo mejor de sí mismos, por lo que quien esté con un Enzo disfrutará de un romance dorado.

                    Aunque sí lo es en América Latina y en Italia, en España el nombre de Enzo no era muy habitual, aunque en la segunda década del siglo XXI se ha popularizado entre las celebrities. Así, el futbolista Guti y Romina Belluscio llamaron de esta forma a su hijo, nacido en 2013. Ese mismo año, Borja Thyssen y Blanca Cuesta llamaron a su tercer vástago Enzo. En 2016, el jugador del Fútbol Club Barcelona Sergio Busquets se convirtió en padre por primera vez junto a su pareja, Elena Galera; el bebé fue llamado Enzo.

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